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Espejos

Nuestra pareja puede ser un reflejo o un complemento: las imágenes clásicas del espejo y la media naranja.

Buscamos la compañía de personas que nos complementan. Es una forma de autoafirmarnos, de tener más seguridad. Esta es la imagen clásica de la media naranja. Otras veces elegimos como pareja a un reflejo de nosotros mismos: "somos muy parecidos", "le gusta lo mismo que a mi", "nos entendemos sin palabras"; esta es la imagen clásica del espejo. También puede ocurrir que valoremos un rasgo de carácter porque creemos que nosotros no lo tenemos. Así nos relacionamos con aquellos que son un espejo de nosotros, o que sin serlo son el espejo en que querríamos reflejarnos. Afinidad o admiración. Estos son los dos fundamentos del amor. Pero falta algo que no se encuentra tan a menudo, y sin lo cual los lazos que creamos, por fuertes que sean, siempre serán delgados como el hilo de coser; falta la generosidad, es decir, la capacidad de ponernos en lugar del otro, reconocer sus defectos, reconocer que no lo admiramos completamente, y a pesar de eso seguir valorando todo lo que tiene de bueno, ser tan generosos con nuestra pareja, tan tolerantes, como lo somos con nosotros mismos. Y aquí tenemos tres de los cuatro pies de esta complicada silla que es el amor, afinidad-admiración-generosidad. Para que la silla sea sólida falta una pata, ¿cuál? pues no hay demasiado secreto en esto: la cuarta pata es la suerte, un poco de ayuda del destino.

inseguridad emocional

© 1997 Randy Glasbergenconsultorio sentimental:inseguridad

La mayoría de las mujeres, sin importar la imagen que den a los demás, tienen unas cuantas inseguridades que se repiten a lo largo de la vida, especialmente en lo que se refiere a las relaciones de pareja. También los hombres experimentan inseguridad, pero las cosas que la producen suelen ser muy diferentes a las de las mujeres. Todo lo que ayude a tener confianza en la pareja reforzará la seguridad y evitará el sufrimiento que puede causar una inseguridad exagerada. La confianza se gana desde el primer día, desde la primera cita. Pero el tiempo no debe representar un relajamiento en la atención, aunque llevéis varios años de relación, debéis estar atentos a los detalles que pueden producir inseguridad: no recordar una llamada o una cita, no cumplir una promesa (por pequeña que sea), flirteas con otras mujeres delante de vuestra pareja (aunque sea en plan "inocente"), no dedicar atención a la pareja cuando se está con varias personas, todos estos detalles pueden parecer secundarios, y ellas pueden quitarles importancia, pero son la causa principal de nerviosismo y dudas en las relaciones que parecen estables y consolidades. Así que aquí va un mensaje para todos los hombres que deseen conservar una relación sana y segura: estad atentos a los detalles que hemos mencionado, lo que para vosotros puede ser un descuido sin importancia puede ser para vuestra pareja una prueba de que ya no la queréis como antes, de que ya no puede confiar en el futuro de la relación.

Ansiedad

En los momentos de ansiedad, no tratéis de razonar, pues vuestro razonamiento se volverá contra vosotros mismos; es mejor que intentéis hacer esas elevaciones y flexiones de brazos que se enseñan ahora en todas las escuelas; el resultado os asombrará. Así, el profesor de filosofía os envía al de gimnasia.

La cita es del filósofo francés Alain (Émile-Auguste Chartier, 1868-1951), y en una primera lectura reconozco que parece una tontería. Entonces ¿por qué la he elegido? Porque, en una segunda lectura, me ha parecido una tontería colosalmente cierta. Me explico. Estamos en medio de una avalancha de libros, artículos en todas las publicaciones, documentales, entrevistas a expertos y cursos intensivos de técnicas para tratar la ansiedad, el estrés, la angustia y todo lo que, en resumen, puede considerarse la imposibilidad de mantener el equilibrio anímico en la velocísima, competitiva y propagandera sociedad contemporánea. Y después de leer tanta información (que puede ser útil) y escuchar a tanto experto mediático (que puede saber lo que dice) nos queda una cabeza como un bombo. Por eso recurro a un consejo sencillo, el de este francés lúcido que recomendaba, sencillamente, un poco de ejercicio.